historias.
Isabel, una estudiante apasionada de Marketing.
Se encontraba en su último año de carrera en una prestigiosa universidad. Con múltiples proyectos y prácticas, sintió la presión de equilibrar sus responsabilidades académicas y personales.
Fue entonces cuando una compañera de clase le recomendó una «empresa de asesoría académica» que ofrecía servicios para la elaboración de Trabajos de Fin de Grado (TFG) en el ámbito del marketing.
Motivada por la falta de tiempo y la necesidad de cumplir con sus compromisos académicos, Isabel decidió contactar a la empresa. Acordaron un precio y compartió los detalles de su proyecto, un análisis de marketing para una empresa local. La empresa prometió un trabajo detallado, con estrategias innovadoras y datos de investigación de mercado.
Cuando Isabel recibió el TFG, notó de inmediato que algo no estaba bien. Aunque el documento estaba bien escrito, las estrategias propuestas parecían genéricas y no se alineaban con las necesidades específicas de la empresa que había elegido. Además, al revisar más a fondo, descubrió que algunas secciones eran copias exactas de artículos de marketing en línea.
Indignada por la falta de originalidad y calidad, Isabel se comunicó con la empresa para expresar sus preocupaciones. La respuesta que recibió fue similar a la de otros estudiantes afectados: la empresa se deslindó de cualquier responsabilidad, argumentando que el trabajo cumplía con las expectativas acordadas y que cualquier similitud con otras fuentes era coincidencia.